La paz de Atila. Por Mari Cruz Agüera
Tus ojos cimbreaban mi cintura y yo me imaginaba que tus manos llegarían también a conmoverme, que explorarías cuanto soy y habito. Inventé que arrasabas las excusas asaltando mis hombros por la espalda, que pulsabas tus huellas primitivas en cada espacio de mi piel intacto, que inundabas con savia de…






