Los padres ejemplares. Por Luis Rodríguez

Entré al excusado de aquel antro y vi al tipo recostado contra los mugrientos azulejos, casi apoyaba los labios sobre el inodoro, lo que me revolvió el estómago, además del hedor que desprendían sus prendas, cuando lo ayudé a ponerse de pie. Luego de intentar despabilarlo y recomponer su aspecto,…

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9. Por Javier Revolo

Me despertó el camión de la basura. Los lunes por la mañana llegan a una hora indecente y tengo que aguantarme porque vienen a hacer su trabajo o simplemente -esto puede ser más veraz- porque no me puedo quejar. El hecho es que, ya que estaba despierto y con pocas…

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Agua. Por Javier Revolo

 Yo le decía a mi hermano, en tono confesional, que el mundo abundaba en idiotas peligrosos, que son la clase de idiotas que creen fervientemente tener razón. Ese, le decía, era un descubrimiento reciente para mí. La guerra nos salpicaba sangre en las narices y los canales de TV…

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Belinda. Por Javier Revolo

Su piel es tibia, sus ojos verdes, poseedores de una cristalina intensidad. Los rizos largos de su cabello encierran oscuridad y brillo. Belinda. De madre caribeña y padre irlandés, nació en Nassau, ciudad de casas blancas y amplios jardines. Sus piernas sobre el escenario, largas como tardes frente a una…

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Desayunos. Por Paula Muñoz

Recién abandonas ese mundo, vuelves a la quietud de tu cama por unos instantes, y abres los ojos. El mundo real. «Voy a tomar algo ligero que llego tarde.» O mejor aun: «seguro que le encantará un café con leche en la cama.» «No me apetece tomar nada, pasé una…

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Pauland. Por Paula Muñoz

-Descríbeme todo lo que veas- dijo el ciego. -Aquí hay una casa, un coche, un perro… -¡No! Así no. Describe la casa, si tiene jardín o no, el color del coche, que raza es el perro -¿cruza la calle o roe un hueso?- quiero saber todo acerca de donde paseamos….

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El zumo del juego. Por Betty Badaui

Fenia, vino Adelón. Comimos, bebimos, nos bañamos, hicimos el amor… Y tengo deseos de llorar. ¿Recuerdas, Fenia?, nos disputábamos sus cerezas, hicimos un pacto…, y te gané, Fenia. Al menos, eso creímos. Adelón hacía escala en tus ojos de fuego, con ellos marcaste su cuerpo que fulguraba de placer; yo…

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