Cuentos estivales (XXXI) La tizne y otras travesuras inconfesables. Aquella mañana del último día de julio, el taxi de Pepe Barrancos hijo, con él al volante, llegó al cortijo de Burete con nuestros padres y, Cholo, de la alegría de verlos, besarles y abrazarlos, pasamos a…
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