La ventolera. Por Catalina Ortega

La ventolera   Aquella negra madrugada sentí llegar el fin del mundo. El viento silbaba, rugía, bramaba, aporreaba las contraventanas. Sombras fantasmales me asediaban. Enloquecí hasta el punto de confundir el ulular del aire, filtrándose furioso por las rendijas, con el eco de mi nombre. El viento me llamaba. Por instinto,…

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