Intento de escapada. Por Rubén Castillo

En la contraportada de Demasiado tarde para volver (Murcia, 2008), Miguel Ángel Hernández nos comunicaba que se sentía «un escritor frustrado, triste y melancólico». Y aunque las condiciones del alma no dependen de una forma directa de los accidentes del éxito, es probable que esta afirmación haya sufrido alguna metamorfosis…

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