SOLOVKY: Archipiélago infierno. Por Mar Solana

Punzantes y repetidos golpes en la puerta invadieron la quietud de la noche, fulminantes; dueños de todos los espacios, hendieron el fino velo que separa el sueño de la realidad… Llegaron a nuestra existencia como máquinas del infierno, a culatazos de fusil. “Aleksei Vasíliev Repin, enemigo del pueblo, desde ahora…

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EL Sillón de Don Matías. Por Mar Solana

Don Matías era comerciante de antigüedades. A él acudí en busca de un regalo de boda para mi amigo Ramón: ─Caballero, este no es un sillón orejero cualquiera, es el sillón de la sinceridad. Con él, su amigo podrá saber quiénes le aman verdaderamente y quiénes no ─exclamó don Matías,…

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La fila. Por Mar Solana

Al pasar por la calle principal y tras tomar mi café en el bar de costumbre, me fijé en un hecho realmente insólito. Una larga e interminable hilera de personas recorría la calle, daba la vuelta por la perpendicular y parecía no tener fin. Lo más raro de aquello no…

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El portazo. Por Dorotea Fulde Benke

Había perdido la memoria. Estuve dos días andando por casa sin saber para quién cocinaba y no debí hacerlo a su gusto, porque el hombre apenas comió y después de la cena del segundo día salió dando un portazo. Recogí la mesa mientras intentaba recordar dónde había que guardarlo todo,…

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Cambios. Por Marisol Oviaño

La seguridad se acabó para mí cuando tenía seis años y me pusieron un parche en el único ojo por el que veía. Pasé de ser una de las niñas líderes de la clase, a esa pobrecita que volvía del recreo pasando la mano por paredes. Mi madre, que me…

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Imitando a Ernesto. Por Susana Álvarez

Y los muros de este infierno serán, así, cada día más herméticos. Averno construido de miedo y desconfianza. Asentado sobre los cimientos de la traición. Sellado con odio. Custodiado por tu propio Leviatán. La sinrazón, la locura, los delirios, la ponzoña, el veneno que corre por el laberinto de tu…

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El regreso. Por María José Moreno

María José MOreno

El regreso Sólo quedan dos días para regresar. Mi alma protesta con una infinita congoja que paraliza mi respiración en un suspiro entrecortado y llora con lágrimas retenidas que aportan un brillo especial a mis ojos, que intento disimular. Me debato ante la decisión que he tomado de volver. Podría…

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El teclado. Por Dorotea Fulde Benke

No hace mucho compré un nuevo ordenador de sobremesa, una superoferta incluyendo el hard, el soft, el monitor con sus altavoces, ratón y teclado. Ay, el teclado: los primeros seis meses aguantó mi prosa prolífera, mis poesías recuperadas de archivos ‘históricos’ si se aplica el rasero informático que convierte todo…

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