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De todo cuanto ofrece su fulgor a la Nada. Por Miguel Sánchez Robles

“De todo cuanto ofrece su fulgor a la Nada”

fulgor a la nada

 

  Hay algo en los lugares solitarios y remotos que me conmueve, que me recuerda mucho a esos juguetes viejos que no pretenden dar las lástima, sino mucha nostalgia y cierta gratitud de estar aún ahí. He heredado almendros y un nogal al pie de Sierra Seca y me emociona ir a verlos: esa empresa, ese empeño humano de sólo ir a verlos. Hago cincuenta kilómetros en coche y dos o tres por caminos y trochas para llegar hasta allí, a un rincón olvidado más allá de Los Odres, en el límite justo en que empiezan los chaparros y se puede subir a los Revolcadores. Rodeado de árboles, de brisa y de silencio uno está solo allí y no se siente solo. A las once de la mañana de un otoño cálido, uno se llena en ese lugar de una humilde esperanza intransitiva que viene del corazón mismo de la naturaleza y de los siglos, y todo lo que te rodea comienza a ser valioso y adquirir un sentido atávico y profundo. A veces hace frío y es como si sintieras por primera vez el frío, la exactitud del frío. Coges un puñado de nueces, te las metes al bolsillo y te invade un sentimiento de dignidad que debe parecerse mucho a quienes saben vivir en burbujas de paz y de quietud sin pensar en las vidas de los otros. Unas horas de silencio en un lugar así pueden llegar a ser uno de los momentos más hermosos en la vida de alguien, pueden reconciliarte contigo mismo y con la alegría y el valor de las tareas humanas, incluso con la intimidad más mística de “todo cuanto ofrece su fulgor a la Nada”. Te hace sentir que eres de los últimos en ver y pensar las cosas de una determinada manera. Te das cuenta de que el tiempo pasa para no volver más. Te pones a resguardo durante algunas horas de ese delirio colectivo que es ya la realidad. Y te vuelves despacio como si hubieras tocado la nieve, como a quien le gusta tenerlo todo muy limpio y se sienta después tranquilo en una silla para mirarlo así y respirar a fondo la dicha de existir sobre el planeta Tierra.

Miguel Sánchez Robles
(Octubre, 2019)

Blog del autor

Fotografía: Rivero Hocfecit

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