
Oda homenaje a Juan Carlos Cubeiro.
Abordó mi corazón
como si fuera
la tierra
donde había decidido
leer poesía
para siempre.
Se instaló
en él
delicadamente
y me concedió
su más dulce
verdad;
Como ese algodón
que se permuta
en almíbar
exquisito.
Y después,
con su abrazo,
que me protege
de todos los piratas
del piélago,
me juró amistad
eterna,
mientras me enseñaba
su teología de
sentir
(y yo,
aprendiz de bruja,
lo creí).
Y así
comenzó nuestro viaje
emocional.
Durante años
lo acompañé,
con mis ojos y
con mis nubes,
mientras él creaba
un mundo de sabiduría
para nosotros,
los habitantes
perdidos
de este galimatías.
Valiente del lejano
ocaso
que nos enseñas
cada día
a rezarle
a nuestro
mejor yo;
no nos retires
nunca
tu grandeza.
Amén.

(A ti, maestro, con toda la devoción que me nace, te reservo el más tierno apartamento con vistas al mar que me cabe en el pecho.)

Yolanda Sáenz de Tejada
Colaboradora de esta Web en la sección
«Tacones de Azúcar»








