Quiero erigir un altar
a tu humilde redondez
con tu sabor sin querer
resaltas cualquier manjar.
En ruedas de blanca luz
crepitas en la sartén
con aromas de desdén
símbolo de tu virtud.
A quien te mata a cuchillo
haces lágrimas verter
y en venganza devolver
el daño a quien te ha herido
Pero lágrimas redondas
derramo yo en mi tristeza
al ver tu oronda belleza
convertida en madreperlas
en la sartén que te apresa.
***