Mientras lloro, en silencio,
aparece el tiempo de la nada.
Las imágenes se suceden unas a otras,
en un ir y venir al pasado,
que no existe.
El presente se alimenta de monstruos
que ya no hieren,
de caras que han perdido
la consistencia de la carne.
Bocetos anónimos que un día tuvieron nombre,
que se despersonalizaron con el tiempo.
Recuerdo aún el día que cayó la última cereza de la primavera,
la pisé y vi el rojo de tu sangre,
y se desdibujó tu cara,
en el último lamento.
Tiempo de cerezas que no amé,
porque festeja el día de mi última primavera.