Seca la noche el sol y los pañuelos,
detiene la bala solar que perfora mi pecho.
El día barre con las estrellas y ajusta este esqueleto
a imagen y semejanza de una sombra.
¡Ay!…no sé que decir más que ¡ayy!,
antes y después ¡ayyy!….más allá ¡ayyyy!
Esta quietud tiene tanto de caída, del estar cayendo,
de mi estar que siempre es caída.
El día entero es caída que amortigua la noche,
o los pliegues discontinuos de tu piel, amor.
No sé que es esto que me ahoga,
pero tú entenderás mejor que nadie este estado
cuando te pida a los gritos que me ayudes a gritar.
¡Rasga el aire con la vara de tu voz!
Eres la sustituta, suple la noche, recréala.
Partículas de noche te componen,
¡mi angosto refugio celular!
Araño tu sombra, ese pétalo de noche.
Busco atolondrado un escape,
la inconcebible negrura de la mente en blanco.
Es tan vano el intento,
aprendí a saltar el muro pero no la cuerda.
Y con el último eco que te nombra y se pierde en el silencio,
te pediré perdón y me darás un beso y pensaré:
No hay crepitación, ni decadencia,
cuando tus labios besan a conciencia.
No es la noche todavía,
pero es cálida la espera.