Icono del sitio IV Certamen Poemas sin Rostro

68-Por qué no hay que dormir. Por Vigilio

¿No sabes que en la órbita lejana
retoman los planetas, mareados,
el viaje que iniciaron con desgana?

¿Qué importa que, sus soles apagados,
salude el cielo negro a las farolas
dejándose caer por los tejados?

Tumbados ya, quedémonos a solas
con todo este silencio, pero en vela.
Los vientos nunca duermen y las olas

apenas se recuestan en su estela;
el sol tampoco duerme (está de viaje
pero ha de regresar, porque recela

de aquellos que, colgado ya su traje,
se visten de durmiente uniformado).
Los sueños sólo entregan un mensaje:

“Soñaste”, lo demás es olvidado
tan pronto como el párpado se alza,
y es imaginación haber soñado.

Pero si la conciencia anda descalza,
y el cuerpo se lamenta, quejumbroso,
-el cuerpo, que es voluble y ahora ensalza

los dones invisibles del reposo-,
debemos aguantar, que es el momento
de dar por fin el paso victorioso:

soñar que es infinito el pensamiento.

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