Categoría: Tacones de azucar. Yolanda Saénz de Tejada
Cuando llegaste. Por Yolanda Sáenz de Tejada
Cuando llegaste, olías a gritos y a flores cansadas, a desiertos de angustia y a raíces clamando silencio. Eras el guerrero de sangre seca que codiciaba la conquista de Jerusalem. Ahora, mi amor, hueles a saliva de hierbabuena y a caricias de amapola; a sexo recién nacido y a…
Vamos a vivirnos. Por Yolanda Sáenz de Tejada
Extendiendo tu piel. Por Yolanda Sáenz de Tejada
La piel de nuestro cuerpo, extendida, ocupa dos metros cuadrados. Hoy podría extender todas las pieles ausentes de carne. Estirarlas hasta el tormento y conseguir, por cada una, más de dos metros cuadrados de lágrimas. Hoy necesitaría mamar la calma chicha de los diluvios, ultrajar los silencios…
Con las uñas… (homenaje a Aute) Por Yolanda Sáenz de Tejada
De alguna manera tendré que olvidarte, por mucho que quiera no es fácil, ya sabes… LUIS EDUARDO AUTE Con las uñas. Necesitaré miles de zarpazos para borrar tu sonrisa de mis ojos. Con los dientes. Morderé tu voz de leche templada para desintegrarla y convertirla en polvo (o…
Adoro las despedidas (de otros…) Por Yolanda Sáenz de Tejada
Ella se aferra a su pelo, inunda con besos su cuello y —con riesgo de morir de amor— se separa de su boca. Él fabrica algodones de azúcar con sus pecas, teje sílabas de futuro con su lengua y —con riesgo de morir de amor— se cose…
Fin… Por Yolanda Sáenz de Tejada
FIN… De pronto aparece él y me deja la boca seca, destrozando la saliva que la habita. Pero no de golpe, no, que eso siempre hace ruido. Lo hace lentamente, desgarrándome las vocales y las cuerdas; empapando de sexo mi ternura. Fin. Muero de mí…
Ella no era la mía… Por Yolanda Saénz de Tejada
No es el destino el que te revienta la vida, no. Tampoco es el tú ni el yo; más bien es el nosotros. No era tierra para mi yegua, ni sus ojos algas para mi mar. No era mujer para mi madre ni la madre de mis…
Ahora que todo ha terminado… Por Yolanda Sáenz de Tejada
Amarte tendría que ser como merendar un helado de chocolate. Que me dejara llena. Ahora que todo ha terminado, ahora que mis arterias vuelven (casi) a estar ordenadas en esta sangre tan contaminada de ti –y de tus abrazos a traición–. Ahora que sé que tu voz…
¿Para qué sirve la tierra además de para amarte en ella…? Por Yolanda Sáenz de Tejada
La tierra sirve para enterrarme en tus entrañas y para, ahogándome con el sílice de tu lengua, dejarme cubierta de partículas (eso sí, volcánicas). La tierra sirve —también— para buscar tesoros dentro de ella (dentro de ti). Pero para lo más esencial que sirve la tierra (y esto…








