Categoría: Colaboradores
Derretimos. Por Yolanda Sáenz de Tejada
No es que pierda siempre, querido; es que contigo soy una perdida. Derretimos muchos días ingeniando cómo ser sinceros y caníbales. Convertimos en sapos a todos los príncipes falsos de la poesía y nos bebimos las lenguas, sin saber si sería para nunca. Y, en mitad de toda…
Y no te lo digo para joder, no… Por Yolanda Sáenz de Tejada
A veces, las teorías no siempre llevan la razón. Tengo una deuda contigo. Cada vez que oigo esta canción de Sabina, la sangro… Una deuda, mi amor, pero también una duda: no sé si me quisiste bien, mire usted por dónde. No sé si tus llamadas interminables,…
Cierra los ojos, que te amanezco. Por Yolanda Saénz de Tejada
A mí me gustan la leña y el vino, el flamenco inesperado y tu boca en el quicio de mi falda. A mí me gusta volver a media noche sin haber probado una copa, pero con medio litro de alcohol en las venas; sin futuro inmediato y con…
La última cena. Por Aleqs Garrrigóz
Mis sobras. Por Yolanda Sáenz de Tejada
Mis sobras No hay cajas suficientes para guardar tu ausencia. Siempre que lo intento, revientan. Me sobra chocolate con naranja, braguitas con encaje y paseos por el Madrid de tu boca. Me sobran, también, tacones a tu medida, botellines de cerveza y que mis ingles huelan a ti…
Operando tu corazón. Por Yolanda Sáenz de Tejada
Tu corazón, eso es. Aprovecho que duermes y te lo arranco. Llevo días esperando este momento, incluso he hecho un curso de cirugía emocional para no hacerte daño. Lo peso y lo huelo, Lo muerdo y lo lamo y, con el fuego de mis piernas, lo aplasto. Ahora que…
Mis zuecos «aicanchú»: Buscando las huellas de los oficios. Por Mar Solana
Clases particulares de amor. Por Yolanda Sáenz de Tejada
Clases particulares de amor Cuando una pareja se separa (atento, que esto es una clase de amor), son necesarias algunas palabras; algunos hechos que demuestren dolor. Te quiero, me voy a morir sin ti, la casa llora de vacía, no sé qué voy a hacer si no estás…
Ostalinda,la niña gitana. Por Yolanda Sáenz de Tejada
A mi amiga Isabel, que lucha, además de con sus manos, con sus entrañas. Ostalinda tiene ocho años y saca notables en la escuela. —Teoremas hinchados de ilusión.— Vuelve a casa corriendo cada día y entra a borbotones en la estancia (así, como acunando con sus rizos el aire de…









