Era un niño menudo
con boca de hambre,
con pies de estornudo
y manos sin carne.
Lloraba la luna
de solo mirarle,
saltar de la cuna
a esa vida sin aire.
Nació etiquetado
en una tierra de sangre,
donde mueres ahogado
en la miseria de nadie.
Era un niño menudo
con boca de hambre,
con pies de estornudo,
con manos sin carne.
Un sol despellejado
nos ayudó a enterrarle,
entre pétalos blancos
y miradas amables.
La sin razón aún suena
al son de los timbales,
¡aún suena la pobreza
de un guerra cobarde!
Era un niño menudo…
son cientos ¡son millares!
y van muriendo, uno a uno,
con esa pequeña boca ¡tan llena de hambre!










Hola Ángela:
Tristemente me ha conmovido y me ha impresionado su poema. Es una realidad y una verdad tan enorme como una montaña, aquello que todos sabemos y olvidamos con tanta indiferencia, porque nosotros, que todavía tenemos un pedazo de pan, jamás nos acordamos de aquél que no lo tiene. Y no es precisamente el hecho ninguna menudencia. ¡Impresionante la fotografía!
Le envío un abrazo cordial. Juan Antonio.
Es cierto Juan, es la triste realidad de muchos… Gracias por tu amable comentario.
Un saludo cordial.
Ángela
Angela imprecionante la imagen de este inocente angelito.Esta imagen nos hace tomar mas conciencia de apreciar el pan de cada dia que recibimos y compartirlo con estos angelitos