Suicidio
No sé cómo describir, esos acordes
acústicos, tristes, depresivos
como aquellos que descubren un día que
mejor no vivir a morir
en un espiral de vacío interminable, sonrosada luna.
Verde, encuentran un camino, se tumban en la hierba
cierran sus ojos, azul, los abren a las estrellas
beben, ríen sus lágrimas, inesperadas, acaramelado
deseo, despertar sin la opresión de sus miedos
desbrozan, sus irrefrenables ansias, de vivir, verdeazuladas
y saltan de la cama, abren sus pulmones a una bocanada
de humo, de ruidos ensordecedores
de civilización, anodina
motores, competitividad, susceptible egocentrismo,
o a la intrascendente levedad, del bienestar
y sin embargo
en ese caos confuso e irreversible
tocan con las yemas de sus sentimientos
amapolas deshojadas, olor a hierba segada, flores de magnolia
amarillentas, marchitas algunas, por la indiferencia, las acarician
y las lanzan al viento, madreselva y piano, juegan con la brisa cálida
de las estaciones, de un mediterráneo
húmedo
acogedor
y moldean con ellas, muñecos de nieve, pinochos mentirosos
con nariz de zanahoria, anaranjada por atardecer, juegan al escondite
con luciérnagas que huyeron
de la noche
más oscura
que un día de luz artificial, asfalto y calles desoladas,
sol
clave de fa
bemol sostenido
do circunspecto
re que te bellas sonrisas, contagiosas, las suyas
brazos
abiertos
al cierzo
al norte
de su dulzura, que les salva, les protege, les
despierta del letargo de la fría urbe, aforme
aroma a chocolate deshecho, a té con limón, olor a
hogar de abrazos sinceros.
Separo con mis manos, el humo, la neblina
el ruido ensordecedor, mis prejuicios, mis años, mis objetivos medibles
los besos que jamás di, por miedo, por estupidez
las pasiones adormecidas, el amor que jamás lo fue,
mis quizás, mis tal vez, mis cómo hubiera sido si
y recojo
antes de reencontrarme, como cada noche, con mis sueños imposibles
el sonido acústico de sus voces
la tristeza de sus alegres ojos
la fuerza indestructible de sus ilusiones
y el cariño interminable
de mis hijos.