Ahora que sólo queda amar
Lacerado,
hoy te rezo,
entre cansancios por calmar;
en ruinas,
en el soplo de este adviento que no llega.
Cuando tarde siempre vuelvo,
cuando busco y herido tiemblo,
cuando anhelo tu mirar.
Ven, de nuevo,
mi alfarero,
a esta vida en soledad.
Sálvame,
aunque en cielos busque desiertos,
aunque vuelva a ser tropiezo,
no abandones a este ciego
que hoy a tientas -ya contigo- busca andar.
Dulce hogar,
hendido vuelvo,
toma mis manos, cúralas;
arrópame, ven descalzo,
en esta misericordia que te grita.
Te necesito frágil, aquí, una vez más.
Manso refugio de amor tan bueno,
hazme fuego, ¡árdeme con tu paz!
Frágil,
silente en mis miedos,
vuelves como brisa en alta mar:
fiel a tu palabra,
cautivo en una mirada enamorada,
cosiendo mi cansada caridad…
Ven,
ahora que sólo queda el silencio,
ahora que sólo quedamos tú y yo,
ahora que sólo queda amar.